¿PORQUÉ CANTAN LAS AVES?

 

 

Los naturalistas rechazan la idea de que las aves cantan a causa de su buen estado de ánimo. Resulta difícil conciliar una interpretación excesivamente sentimental del canto de las aves. Al cantar, un ave está consumiendo tiempo y energía, que podrían servirle para buscar alimentos, al mismo tiempo que anuncian su presencia a los predadores. Las aves hubieran dejado de cantar hace mucho tiempo si el valor de supervivencia de esta manifestación sonora no sobrepasara los peligros que entraña.

 

El canto es tan solo uno de los elementos en el vocabulario de las aves. Además, cada especie posee sus propios gritos: más de una docena de sonidos diferentes en muchas especies, cada uno con su significado propio. A veces resulta difícil establecer unos límites precisos entre el canto y la llamada. Pero el canto está relacionado principalmente con la defensa de un territorio o con la atracción de un compañero, mientras que el objetivo de las llamadas consiste en trasmitir otros tipos de información, como, por ejemplo, avisar de la aproximación de un predador. Los cantos tienden a ser unoscomplicados arreglos de notas, emitidas de un modo rítmico, la mayoría de las veces por el macho. Las llamadas suelen consistir en grupos cortos de hasta cuatro o cinco notas, menos agradables, al menos al oído humano.

 

Un ave es capaz de comunicar muchos datos con los sonidos que articula; puede indicar su especie, sexo, identidad individual e incluso su condición. Puede desencadenar excitación sexual, curiosidad, alarma o temor en otra ave. Por medio de estos sonidos puede también atraer a una pareja o ahuyentar a un rival. Además puede transmitir noticias: donde se encuentran alimentos o donde hay un lugar para anidar.

 

También puede avisar a los demás de la presencia de un predador. Pero, cuando canta, el mensaje habitual que trasmite el ave es la proclamación de su territorio. Al iniciarse la época de cría, existen dos instintos que dan forma a la vida de muchas aves: el de establecer un territorio y el de buscar pareja. El canto, en su carácter de idioma que trasmite información de un ave a otra, hace posible ambos objetivos.

 

La mayoría de las especies que cantan pueden distinguirse unas de otras por su canto y, de hecho, esto constituye una función vital del mismo. Al tiempo, el canto de un ave revela el sexo al que pertenece (generalmente se trata de machos); sólo cantan las hembras de algunas especies, como la del petirrojo, ya que ambos sexos mantienen territorios en invierno. El canto se interpreta de distinto modo según el sexo del oyente. Así, el mismo sonido tararea a las hembras solitarias y repelare a los machos intrusos. Pero el canto de un ave proporciona detalles aun más sutiles; mediante variaciones imperceptibles en la tonalidad, ritmo o repertorio, puede expresar también la identidad individual del ave. Los cantos territoriales son avisos de largo alcance de un ave a otra. Deben ser fuertes y claros para tener eficacia y, desde luego, lo suficientemente intensos como para que se oigan más allá de los límites del territorio.

 

Por regla general, cuando menos llamativo es el plumaje de un ave más sonoro es su canto. Las aves que viven y crían en terrenos con vegetación espesa tienden a cantar con más fuerza que las que habitan en zonas abiertas. Teniendo en cuenta el tamaño del ave, el canto del chocheen resulta increíblemente penetrante; pero el chochin, que suele defender un territorio de una hectárea, tiene que hacerse oír en competencia con muchas otras aves que viven en los bosques espesos.

 

El canto también debe ser lo suficientemente persistente como para surtir eficacia, y a esto se debe que las aves repitan sus frases de canto cientos de veces al día. El escribano repite su estribillo una y otra vez, desde que empieza el día hasta que anochece; quizá haya "dicho" lo mismo más de mil veces. Numerosas especies eligen posaderos de canto en lugares elevados de los árboles, para asegurarse de que su canto abarca la zona más amplia posible. Otras añaden un efecto visual a su anuncio describiendo trayectorias características en el aire. Los cantos en vuelo son especialmente característicos de las aves terrestres que crían en terrenos abiertos y sin árboles. Es muy raro que las aves rivales recurran al combate físico, pues el riesgo de producirse autenticas lesiones es demasiado grande para que represente un modo práctico de solucionar un problema. En lugar de ello, han desarrollado unos modos de comportamiento con los que obtienen resultados sin exponerse a muchos peligros.

 

Sus cantos territoriales, al igual que sus complicadas exhibiciones amenazantes, constituyen batallas de nervios y cada ave desahoga la tensión acumulada por medio de los impulsos contradictorios: el impulso a la lucha y el impulso a la huida. Un petirrojo que se introduce en terrero ajeno procura hacer el menor ruido posible. Si el propietario lo ve, lo más probable es que le cante con una especial intensidad. Suele huir inmediatamente hasta su propio territorio; si no es así, apoyan el canto con posturas agresivas. A continuación puede haber persecución y, si todo fallo, las aves llegan a la lucha. El ave que canta en defensa de su territorio presta una cuidadosa atención a los cantos de las otras que defienden los suyos. El petirrojo, por ejemplo, se detiene entre cada frase de su canto, permitiendo así que sus rivales "contesten". Mediante los "duelos" de canto que mantiene con sus vecinos, el ave conoce quienes son, donde se encuentran sus rivales, si hay alguna probabilidad de que le molesten o si puede ignorarlos tranquilamente.

 

El canto de las aves está íntimamente ligado a la estación en que se emite y, a pesar de que algunas de ellas pueden cantar en cualquier época del año, nunca vociferan tanto como en primavera, cuando establecen sus territorios. Al aproximarse el verano y entregarse al emparejamiento y la construcción de sus nidos, a la puesta, a la incubación y a la cría de sus pollos, los cantos de muchas especies se tornan más intermitentes o apagados e incluso cesan del todo. El canto primaveral surge como respuesta a las modificaciones que las hormonas provocan en el organismo del ave, particularmente el aumento de tamaño de sus órganos reproductores, que se debe al mayor numero de horas de luz. En invierno, la mayoría de las aves enmudecen y, en general, la lluvia y el mal tiempo tienden a inhibir el canto.

 

En el ciclo diario, al igual que en el estacional, la luz es el factor principal que influye en el canto. El tránsito de la noche al día produce el mismo efecto en el canto que el paso del invierno al verano. Son más las aves que cantan durante 20-40 minutos que dura el amanecer que las que lo hacen durante cualquier momento del día. No es fácil aducir una razón biológica para ello, aunque existe alguna ventaja en que todas las aves canten al mismo tiempo, ya que de esa manera cada una se entera de lo que esta sucediendo a su alrededor y donde se encuentran sus rivales.

 

Son muy pocas las especies que cantan continuamente durante el día; la mayoría se apaciguan después de la exuberancia inicial del amanecer y se apagan hacia el mediodía. Aparece un resurgimiento del canto al atardecer y casi todas las especies enmudecen al caer la noche. El ave que canta por la noche suele hacerlo por la misma razón que la que canta durante el día; la llamada del cárabo común es una expresión de su propia identidad y una cita con su pareja. Más difícil resulta establecer el porque los ruiseñores cantan tanto de noche como de día. Las aves también emplean lo que podíamos denominar "avisos y llamadas". La mayoría de las aves viven en peligro constante de ser abatidas por sus predadores. No puede sorprender, por tanto, que en su lenguaje incluyan un sistema de alarma sumamente eficaz contra los predadores. La primera ave que detecta un peligro en potencia hace sonar la alarma que pone sobre aviso a todas las que puedan oírle.

 

El peligro puede proceder del aire o del suelo y muchas aves adoptan gritos de alarma que distinguen ambas amenazas. Las alarmas que llaman la atención sobre los predadores aéreos suelen ser breves y agudas y constituyen un tipo de sonido difícil de localizar. Las aves que oyen esta alarma se dispersan poniéndose a cubierto. Pero la llamada de alarma para oponerse al predador terrestre contiene pistas referentes a las localizaciones del ave que lo ha detectado y la del predador. A pesar de que el canto de cada especie tiene que ser muy distinto para que no surjan confusiones, sus gritos de alarma son frecuentemente muy parecidos. El ave que primero detecta una rapaz avisa no solo a las aves de su especie, sino a todas las demás que puedan oírle.

 

Las aves generalmente heredan de sus progenitores un vocabulario completo de cantos y notas de llamadas. La curruca zarcera no necesita ningún aprendizaje; aunque trascurriera toda su vida sin oír cantar a otra, seguirla desarrollando sus cantos y gritos y cada uno sería perfecto en tono, volumen, ritmo y calidad. Este se ha demostrado con experimentos en los que se criaba a estas aves en un aislamiento a prueba de sonidos. Otras aves poseen la misma habilidad innata para interpretar los cantos característicos de su especie a la perfección, salvo en algunos detalles. En estos casos, el aprendizaje completa la tarea comenzada por el instinto. Las aves jóvenes cuando establecen un territorio por primera vez, su canto generalmente suele ser incompleto; pero pronto lo remedian al imitar a otros machos que cantan a su alrededor. El aprendizaje por imitación es uno de los grandes misterios del comportamiento de las aves. Muchas de ellas incorporan a su canto notas de otras e incluso sonidos producidos por objetos inanimados.

 

 por Luis Navas Cubero

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